TÚ NO ESTÁS BIEN

Hace tiempo leí una frase tipo “meme” que me hizo mucha gracia, decía así:

Tú estás bien porque todavía no hemos puesto nombre a lo tuyo

Sigmund Freud

(obviamente esta chorrada no la dijo él…o eso creo…)

En un mundo donde nos encanta ponerle nombre a todo y mucho más a los especiaLISTOS, yo trabajo con una perspectiva psicológica en la que no nos gusta diagnosticar. Preferimos hablar de comportamientos más o menos adaptativos, de rumiación, de falta de aceptación de emociones o de cualquier otro aspecto que se pueda trabajar, que caer en las etiquetas estigmatizadoras de las que parece que no te puedes desprender ni con agua caliente, pero, además, ¿para que hacerlo si ya viene la gente a verte con el diagnóstico puesto de casa?

Recuerdo una cliente que me decía la típica frase “he cogido depresión……(como si fuese algo que pillamos por la calle) …y yo sé que esto ya es para mí porque además me han dicho que tengo las neuronas lentas” … (no puse cara de perplejidad porque todos sabemos que está feo que un psicólogo haga esas cosas)

En fin…cuando después de varios meses le di el alta a esta señora, sus neuronas corrían bastante más rápidas que las mías 😬.

A veces viene gente a consulta y te dice, “tengo un trastorno de ansiedad” y yo pienso, “no, tú lo que tienes es un vampiro emocional al lado”.

Recuerdo a una persona que venía con 5 diagnósticos diferentes a sus espaldas. Quitárselos uno a uno fue suficiente para que se sintiera, si no mucho mejor, si por lo menos mucho más normal y ligera.

Como estos, os podría enumerar infinidad de casos….

“vengo porque he leído por Internet que soy fóbico social”

“vengo porque mi marido dice que soy una neurótica”

“vengo porque creo que tengo lo mismo que mi prima”

“vengo porque no soporto a mi cuñado y creo que es narcisista”

 

Qué feas son las etiquetas…

 

Si, ya sé que hay que ponerles nombre a las cosas para facilitar la comunicación entre los profesionales de la materia y bla bla bla…pero que feas son, que nombres más desagradables tienen y como estigmatizan…

 

Pero por otro lado…que importantes suenan….

 

¿Por qué decir?, “no tengo ni puñeteras ganas de volver al trabajo” cuando podemos decir…

“padezco un síndrome postvacacional.”

¿Por qué decir?, “mis compañeros del trabajo son unas ratas apestosas” cuando podemos decir… “sufro mobbing.”

¿Por qué decir?, “cariño, hemos caído en la rutina en la cama y tenemos que cambiar, aunque sea de posición” cuando podemos decir…

“es que tengo un trastorno hipoactivo del deseo sexual.” 🤷🏼‍♀️

¿Por qué decir?, “mi jefe me está sacando hasta los higadillos” cuando podemos decir…

“estoy aquejado de un síndrome burnout.”

¿Por qué decir?, “estás acomodado y acojonado en casa porque has estado durante 72 días encerrado mientras que afuera había una especia de película surrealista-zombi-apocalíptica” …cuando podemos llamarlo… (redoble de tambores) …

 

“¡EL SÍNDROME DE LA CABAÑA!”

 

Vamos a ver, las personas somos animales de costumbres, eso no hace falta que nos lo diga nadie y además tenemos un mecanismo de supervivencia muy desarrollado. ¿Cómo no vamos a sentir algo de miedo o de repelús por empezar a salir y a retomar las costumbres anteapocalípticas? Por favor…dejemos de crear síndromes de reacciones que son NORMALES. Estoy casi convencida de que si alguien está desarrollando alguna dificultad más problemática es porque antes ya había algo que no estaba bien, y si es el caso, por supuesto aconsejo que busque ayuda profesional cuanto antes, porque esa frasecilla (detesto muchas de estas frasecillas) “el tiempo lo cura todo” NO ES VERDAD en todos los casos y lo que empieza siendo algo a lo que me digo “ya se irá”, muchas veces no solo no se va, sino que se puede complicar bastante.

En fin…confiemos en la potencialidad de cada persona para seguir desarrollándose en su contexto, más allá de etiquetas rígidas y globalizadoras que no pueden explicar ni la décima parte de su compleja individualidad, ni de su capacidad para sobreponerse a los acontecimientos.

¿Mi consejo?, que no pongamos la tirita antes de hacernos la herida. Y que por supuesto, cuando tengamos una herida que no podamos curar solos, acudamos a un profesional acreditado.

María Robles

Psicóloga Clínica

Co-directora de Essentia, Psicología y Bienestar.

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