EL HUMOR EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Cuando escuchamos la palabra resiliencia seguramente muchos de nosotros pensamos en el concepto individual, en aquella capacidad personal para sobreponerse a periodos de dolor emocional y situaciones adversas. Sin embargo, hay otro concepto no tan conocido y muy interesante por explorar, la resiliencia comunitaria.

Pues bien, uno de los factores que hacen más probable que una sociedad salga fortalecida de una situación crítica es el HUMOR SOCIAL, esa capacidad que tiene una sociedad de encontrar la comedia en la propia tragedia.

¡Y ahí creo que los españoles somos unos linces!

Cuando nos reímos de un chiste ocurre algo extraordinario y bello en nuestro cerebro. Nuestra área cerebral denominada “central de detección de errores”, intenta sincronizar lo lógico y lo ilógico de una situación, chiste o chascarrillo, y al lograr detectar la incongruencia, el cerebro obtiene una recompensa a través de la liberación de dopamina, más conocida como la hormona del placer. Es entonces cuando se desencadena la risa. Por eso reír “engancha” y la gente que nos hace reír nos suele atraer.

Pero además, actúa como un  mecanismo de defensa que permite reducir la tensión, aliviar el sufrimiento e incluso expresar el descontento de una forma más adecuada. De hecho, cumple funciones sedativas y ansiolíticas, que muchos investigadores comparan con los efectos de las relajaciones profundas o la meditación.

Es cierto que cuando experimentamos angustia, no queda mucho espacio para las risas. Más de cuarenta áreas del cerebro se activan cuando estamos en situación de incertidumbre….demasiado ocupados intentando buscar una solución como para pararnos a reír.

Sin embargo, ¿y si parte de la solución está ahí?

¿Y si parte de la solución está en engañar a nuestro cerebro, haciendo las cosas que solemos hacer cuando estamos seguros y tranquilos? 

Para empezar, puedes recuperar tu preciosa sonrisa, es cierto que no es lo mismo unas risas que una sonrisa, pero se parecen bastante.

Busca fuentes de humor y empápate en ellas: personas, películas, actividades etc.

Baja un poquito tu nivel de autocontrol y haz el payaso como si no hubiera un mañana.

Exagera y exagera tus problemas hasta lograr que sean tan absurdos que esto te ayude a recuperar tu perspectiva humorística de la realidad.

Pero sobre todo, nunca olvides que el sentido del humor es una cosa muy seria.

María Robles

Psicóloga Clínica

Co-Directora de Essentia, Psicología y Bienestar

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